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Tipos de liderazgo pentecostal y demanda de Poder

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Para abordar con alguna precisión esta aproximación estructural, me valdré de la tipología Weberiana de la triple jefatura. Según Weber pueden distinguirse tres tipos de jefes: 1) El "jefe Carismático", considerado infalible y qie se rodea de un  misterio distanciador; 2) El "jefe Tradicional" a la vez autoritario y protector; y 3) El jefe democrático"o de carácter racional, legal, cuya autoridad se establece sobre bases consultivas y racionales. En la experiencia pentecostal, prevalecen el tipo carismático y el tipo tradicional, lo que no quiere decir que no exista el tipo de líder democrático.

El tipo de jefe democrático más que una relación o una aptitud es una función que tiene lugar   o por lo menos es exigido por el grupo con mayor arraigo `institucional'    durante las asambleas o sesiones electorales o deliberativas. Como tal, esa función  si alguna vez es ejercida en el pentecostalismo, lo es en su estadio  de "iglesia" y casi nunca en su estadio de "secta".

En las asambleas se espera que el líder adopte una actitud democrática que permita reflejar la voluntad soberana de la congregación. En circunstancias, la calidad del "carisma" de conducción o la investidura del rol "democrático" es así puesto a prueba, como si el "juego de ese rol" se constituyera, aunque sea por un momento, en una especie de criterio social de verificación del poder del grupo y de la vocación del líder.

La influencia social que ejercen los tipos de Jefe "carismático" y "tradicional" en el pentecostalismo, tienen lugar desde el momento mismo en el que el grupo nace o renace como tal. De suerte que es absolutamente necesario hablar simultáneamente de grupos o sociedades carismáticas y de grupos o sociedades tradicionales.

Ahora bien, la permanencia del líder en el poder varía según el tipo de líder y grupo. Mientras el grupo carismático promueve líderes vitalicios, el grupo tradicional promoverá líderes electivos. Por lo general, los líderes fundadores que son producto de una emergencia espontánea, ejercen un liderazgo del tipo patriarcal sea éste honorario o activo; en tanto que los líderes promovidos o convocados por el grupo, deben someterse bien a la autoridad del líder patriarcal o a la autoridad de la congregación que los constituyó como tal.

La relación "líder grupo líder" comienza, pues, con la "consagración ministerial" del líder pentecostal y dura   según la teología pentecostal de las vocaciones ministeriales   "hasta que el Señor lo llame a su presencia", es decir, hasta la muerte. En muchos casos el liderazgo pentecostal está planteado en terminos de sucesión familiar padre esposa hijos. Verdaderos clanes familiares que dan motivo, como es obvio, a "rebeliones internas" de los líderes potenciales que aspiran al poder.

Respecto de la consagración ministerial, es necesario anotar de paso que en el pentecostalismo "consagración al ministerio" no es sinónimo de ordenación ministerial.  Un líder pentecostal puede estar consagrado al ministerio, ser un líder activo aceptado por el grupo y no haber sido ordenado para el ministerio. En la mayoría de los casos la institucionalización oficial del ministerio es la coronación de una larga trayectoria ministerial y, en el mejor de los casos, seguido por un período de adoctrinamiento en un centro de estudios bíblico teológicos de la Denominación

El líder pentecostal del tipo carismático, goza de una emergencia espontánea en el seno del grupo y ejerce su liderazgo sín haber cumplido mayor requisito que el haber sido "llamado por el Espíritu" para servir al Señor, y un hábil `manejo' de la Sagrada Escritura.  En todos los casos lo que cuenta no es la preparación académica, sino la experiencia; criterio fundamental en la pastoral pentecostal.


1.  El tipo carismático

La jefatura carismática pentecostal se produce en el espacio de gestación de un grupo o movimiento profético.

La revilitación de elementos mesiánicos y profeticos, así como experiencias religiosas caracterizadas por especulaciones milenaristas, racionalizaciones gnósticas, y cultos extáticos entre otras, generan la atmósfera necesaria (por lo menos a nivel ideológico) para la incuvación, gestación y desarrollo de personalidades carismáticas que aducirán y asumirán "el derecho a dirigir" y conducir al resto "pecador" y "perdido". Esto es así porque, a la luz de su experiencia, el resto ha sido incapáz de llegar a ser como esas personalidades o no ha recibido la gracia de ser elegido entre los muchos.

La participación en experiencias mistericas y el ejercicio de un ministerio público (predicación, sanación, exorcismos, etc.) conformarán los aspectos sociales y prácticos que fortalecerán  la nueva relación Líder carismático grupo consagrado. Como señalaba Weber, la "infalibilidad" y el "misterio" distanciador caracterizarán al líder carismático. Si la infalibilidad está en proporción directa con la "delegación de una autoridad y un poder de lo alto" (por eso los pentecostales insisten en el Bautismo del Espíritu, pues este va asociado a la recepción vertical de un `poder' de lo alto (Hechos 1:8; 4:29 31; Marcos 16:14 20 y // Mateo 28:18 20) que les dá prestigio y los legitima, el ministerio lo está con la ideología mesiánica que endiosa o diviniza al líder, pero esta vez la horizontalidad del grupo.

En el pentecostalismo, el liderazgo carismático, a diferencia del Tradicional, es más frecuente en el comienzo o en el final del ciclo de movilidad interna, esto es, en el estadio de "secta" y en el estadio de "Movimiento". En el estadio intermedio de "Iglesia", es decir, de institucionalización y des  institucionalización, si bien no faltan los líderes carismáticos, abundan los líderes "tradicionales". Si el estadio de secta propició su generación, el estadio de movimiento propiciará la epifanía (aparición ó revelación pública) de los líderes carismáticos; necesaria, por lo demás, para el ejercicio de su vocación.

Precisamente, ambos estadios, de secta y de movimiento, son los más propicios para la aparición de los "grandes líderes" cuyo influjo sobre los grupos es vertical y monolítico. Se da una tal simbiosis entre el líder y el grupo "seguidor" que las relaciones se vuelven cuasi irracionales, pues descansa mas bien en la confianza de que el líder es infalible.

El grupo responde "como autómata" a la voz del líder como si estuviera influido por la necesidad imperiosa de responder a su estímulo. La voluntad del líder es equiparada a la Voluntad de Dios: "Vox arbitrii, vox Dei".

2. El Tipo tradicional

Deudor también de una sociedad de tipo tradicional pero con influencias de la sociedad moderna, el líder tradicional será llamado por el grupo en asamblea a ejercer sus funciones.  Es electo por el grupo de entre los líderes candidatos. El líder tradicional puede haber tenido un origen carismático o estar inspirado por esa imagen, pero en la práctica, su relación con una congregación que ahora ha adquirido el estatus de "Iglesia" y ha asimilado el ideal democrático de las sociedades modernas, le confiere cuando degenera, una personalidad psicótica con tendencias maníaco depresivas.  Como señala el psicólogo Hugo N. Santos, "el sujeto amenaza frecuentemente en convertirse en un adicto institucional". Vale decir que se convertirá en un asiduo gestor de nuevas iglesias en las que prevalezca la institucionalidad y se afirme la identidad pentecostal.

En el esquema pentecostal, pese a las apariencias, el líder tradicional no es necesariamente el líder de multitudes sino más bien el líder de "iglesias minoritarias" que no pasan de los 100 miembros. El tamaño del grupo tiende a estancarse o petrificarse, pues preocupado por donar identidad, controlarla y mantenerla, el grupo resta su movilidad, y tiende mas bien a fijar y estabilizar las relaciones entre los miembros. Ese proceso institucionalizador, además de dar lugar a situaciones patológicas, cuando alega tradición, es el factor desencadenante de la involución sectaria de la iglesia.

Autoritario y protector, el líder tradicional afirmará su jerarquía sacerdotal, será divulgador de la doctrina pentecostal de la cual se ha hecho especialista, adoptará formas litúrgicas fijas, seguirá un estilo de piedad moderada, y afirmará los dogmas de la pentecostalidad.

Manejando una especie de teología testimonial, pre lógica aún, se constituirá en el "maestro" adoctrinador del grupo. Tal función docente, por lo general entra en conflicto con la función carismática, más bien profética. Por función carismática debemos entender aquí aquellas acciones cultuales pneumáticas y que, especializados, toman la forma de "ministerios" cuyo componente principal son los "dones espirituales" de los que habla la Biblia (1 Corintios 12; Romanos 12; Efesios 4; etc.).

A diferencia del líder carismático, el líder tradicional es dependiente del grupo, y aún cuando esté revestido de cierta investidura y de un status que lo diferencia del grupo, debe manejarse bajo la consigna gubernamental en la que , la voz del pueblo es la voz de Dios ("Vox populi, vox  Dei").

3.  El tipo “democrático”: el ideal teocrático

A estas alturas uno se pregunta si hay lugar en el pentecostalismo para el tercer tipo Weberiano de "Jefe democrático" y si, de última, puesto que se mueven dentro de una sociedad "democrática", los pentecostales no terminarían reproduciéndola.

A mi juicio, la cuestión debe resolverse según el contexto social del grupo y según su ideología escatológica.  El pentecostalismo, basado fundamentalmente en la literalidad de la Biblia, ha pensado y desarrollado una ética social cuyos arquetipos procuran reproducir el modelo de "iglesia primitiva" y el modelo de sociedad teocrática del Israel pre monárquico.

Es, sobre todo, en su estadio de secta cuando el pentecostalismo intenta un estado teocrático en medio de una sociedad democrática. La disonancia social que tal empresa produce, lejos de llamarnos a la reflexión de si es o no una conducta psicopática, deviene más bien, una especie de delirio mesiánico que realimenta y rementaliza al grupo sociológicamente caracterizado como "secta".

Resulta, pues, casi imposible pensar en el tipo de jefe democrático dentro de las organizaciones pentecostales en su estadio de formación.  Sociedad hierocrática como es, el pentecostalismo enfatizará una eclesiología pneumática en sacrificio de una eclesiología histórica. Primará la "Profecía" por sobre el "Acuerdo", la "Ley" sobre el "Amor", y la "Teocracia" sobre la "Democracia".

Perseguirá principalmente el ideal "teocrático" según el cual el líder carismático se desenvuelva libremente, ya que este el espacio por excelencia para su realización personal.

LA ADMINISTRACIÓN DEL PODER

¿Cómo, pues, ejercen el poder los líderes pentecostales?  La cuestión del poder y de la auctoritas en el pentecostalismo tiene dos direcciones según sea el tipo de liderazgo que prevalezca: el carismático o el tradicional.

El líder carismático que realiza un ministerio apostólico, cual es la de ser fundador de una comunidad pentecostal, declarará a sus discípulos haber recibido su Autoridad del mismo Dios.  Este es un poder que se impone mediante la fuerza del Espíritu y los creyentes que buscan consagrarse lo aceptarán de muy buena gana, pues tiene el privilegio de la unción divina y la sucesión apostólica ha venido por “imposición de manos”.

El líder Tradicional, en cambio, pudiendo hacer referencia a la misma investidura espiritual, recibe su autoridad para gobernar del grupo que lo eligió. Puesto que en este caso es el grupo el que le confiere autoridad, la administración del poder en última instancia estará en manos de la Asamblea.

Desde el punto de vista de la psicología social se puede decir que tanto en uno como en el otro caso, siempre es el grupo el que confiere autoridad. La diferencia radica en los mecanismos de apelación y de legitimación, como veremos a continuación.

El líder carismático ejerce poder (y también abusa de el) gracias a que el grupo que lo sigue ha sido mentalizado en la creencia de que si el mismo Dios ha erigido al líder, nadie, sino el mismo Dios puede destituirlo. El grupo carismático no tiene, así, poder de censura sobre el líder. Si disiente con el líder, puede a lo más desligarse de su tutela, pero de ningún modo socavar los cimientos ideológico-religiosos del "poder divino" del líder.

El mecanismo de apelación usando en este caso es el de la profecía y el carisma. Por profecía entendemos aquí aquella experiencia religiosa mística según la cual Dios comunica su voluntad por revelación directa a sus voceros llamados "profetas" o videntes.

En el caso de los líderes Tradicionales el mecanismo de apelación no es la profecía ni el carisma, sino el acuerdo y la institucionalidad. La "palabra sagrada" de la Escritura tiene prioridad sobre la "voz del espíritu" del profeta, y la "norma" consensualmente aprobada prevalece por sobre la "intuición" profética. Aquí la congregación es la que controla el poder; ella unge, consagra, ordena y sanciona al "sacerdote". Si hay disconformidad, es el líder el llamado a retirarse de la congregación.  El grupo, no obstante, es infalible.

LOS CRITERIOS DE AUTORIDAD.

En las sociedades carismáticas el criterio de autoridad es vertical y  espiritualizante; se verifica o confirma mediante la realización de acciones taumatúrgicas (señales y prodigios: Marcos 16.20; Hechos 4.29 31ss).

En las sociedades tradicionales, por ser "sociedades de tránsito", la institucionalidad prevalece, como hemos dicho, sobre el carisma. El criterio de autoridad es más bien horizontal y político y se verifica en el líder por su "habilidad de conducción", su experiencia en el gobierno de los grupos, y su calidad para representar al grupo en sus relaciones externas. Dicho en términos populares, la "maniobra" prevalece sobre el "prodigio", de igual modo como  la religión triunfa sobre la magia.

LAS ESPECIALIZACIONES DEL LIDERAZGO

¿Quiénes constituyen, entonces, los líderes carismáticos y tradicionales en el pentecostalismo? Siguiendo la tipología bíblica, seguida también por Roger Mehl en Francia, más conocida entre los evangélicos como el canon ministerial (Efesios 4:11 y paralelos) debemos ubicar los "oficios" ministeriales dentro de los dos primeros tipos Weberianos que hemos mencionando.

Se ubicarían dentro del tipo de Jefe carismático los "apóstoles", los "profetas" y los "evangelístas" pentecostales y cuantas personas desarrollen los dones espirituales (1 Cor. 12.8 10) y afirmen ser investidos de una autoridad divina otorgada por revelación o llamado profetico, sin mediar necesariamente el juicio del grupo.

Los "pastores", los "maestros" y los "administradores" en general, se ubican con propiedad en el tipo tradicional de liderazgo pentecostal.

Tal discriminación o distribución de los ministerios, sin embargo, resulta teológicamente arbitraria, pero desde el punto  de vista psico social, permite dibujar las tendencias y los estadios por los que atraviesan las comunidades cíclicas, que evolucionan e involucionan, como el pentecostalismo.

Lo que da unidad ideológica y socializadora a estas especializaciones, quizá sea la "imagen social" de referencia que fue plasmada en la infancia del pentecostalismo latinoamericano como en la gran mayoría de otras iglesias evangélicas. Me refiero a las imágenes del "Misionero" y del "Hacendado" (capataz, caudillo) feudal o señorial. Dos imágenes de personalidad social que aparecen en ambos tipos de jefes cada vez que intentan plasmar algún modelo societal. Mientras el tipo de jefe tradicional modela su comunidad y se encamina con ella hacía la formación de una comunidad religiosa con incidencias sociales y reproduce el modelo tradicional de sociedad de la que es parte, el tipo de jefe carismático no hará otra cosa que reproducir también el modelo de sociedad "primitiva" (pastoril o rural) de la que emergió. Pero en uno y otro caso, predomina la "jefatura" más bien que el "sistema social" a reproducir.

Otro hecho importante en el liderazgo pentecostal es el predominio del matriarcado sobre el patriarcalismo. Si bien el gobierno visible, por influencia de una ideología y  sociedad machistas, recae sobre los varones, en las comunidades pentecostales el matriarcado (liderazgo informal de las mujeres lideres) deja sentir su presencia no solo en la co participación de la mujer en el ministerio sino también, y fundamentalmente, en la aspiración por el poder sobre el grupo.

No es del todo alocada la hipótesis de que muchas de las divisiones o secterizaciones pentecostales tengan como motivación causal el "consejo" de la esposa del líder varón ó de cierta "profetiza" que avizoró un cambio por venir. Está demás decir que no se trata de una derivación de la culpa sobre la mujer, sino más bien de la reivindicación de su posición y su igualdad de derecho a gobernar.