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¿De donde vienen los gitanos?

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Recientemente se ha hecho público un trabajo realizado por el departamento de Zoología y Antropología Física de la Universidad Complutense de Madrid sobre los apellidos gitanos en España. Los autores localizaron 212, repartidos por toda la geografía nacional, observando, de paso, que muchos de ellos se encuentran también entre la población paya. Hoy sabemos que los gitanos proceden del noroeste de la India, de donde salieron antes del año 1000 y no llegaron a Europa antes del 1400. A España vinieron mezclados con los peregrinos del Camino de Santiago y el primer documento que los cita es una recomendación del rey Alfonso de Aragón para que fuesen bien admitidos en los pueblos que encontraban a su paso, pero en seguida las cosas cambiaron y en cuanto se hizo patente que su peregrinaje no acababa nunca y que no se adaptaban a las normas del resto de la sociedad empezaron a ser perseguidos.

Resulta difícil conocer su número exacto, se calculan unos 10 millones en Europa y de ellos 350.000 en nuestro país, aunque por los avatares de su propia historia poco tienen que ver, por ejemplo, los que llevan generaciones asentados en Granada o Sevilla con los que están llegando ahora desde Rumanía, aunque compartan el tipo de estructuras sociales y familiares que les ha permitido conservar su cohesión como pueblo.

Con la llegada de la democracia algunos empezaron también a organizarse reclamando el respeto a su identidad e incluso el derecho a emplear su propia lengua -el romaní-, que hoy cuenta con varias publicaciones. En 1978 Juan de Dios Ramírez-Heredia llegó al Parlamento, convirtiéndose en la cabeza visible de su movimiento y hoy preside desde Barcelona la Unión Romaní, uno de los grupos que, junto a otros como la Asociación Gitana UNGA, fundada en 1982, reivindican los derechos de este colectivo; por fin en 2001, después de varias décadas de funcionamiento irregular, se constituía la Fundación Secretariado Gitano, que hoy es la referencia inevitable de esta lucha.

En Asturias están censados aproximadamente unos 10.000, y aunque su situación es muy diversa, la inmensa mayoría se encuentran inmersos en un proceso de adaptación para su completa inserción en la sociedad moderna. Su historia ha sido poco estudiada y en los últimos tiempos ellos mismos están preocupándose por recuperar su pasado, pero en este empeño dejan flecos sueltos que se pueden corregir con nuevas aportaciones.

Por ejemplo, dan por hecho que el primer documento que hace referencia a su presencia en nuestra región es una real pragmática de Felipe V, del 14 de mayo de 1717, donde se habilitan 41 poblaciones para que se asienten los gitanos, pero se olvidan algunos documentos anteriores, como la disposición del gobernador Juan Blasco de Orozco en 1640 prohibiendo a los gitanos el uso de armas de fuego, así como el vagar con caballerías por el suelo de Asturias, lo que demuestra que ya eran conocidos aquí desde mucho antes.

Con todo, lo que más nos llama la atención es su afirmación sosteniendo que la primera familia gitana de cuyo asentamiento se tiene constancia en Asturias llegó en 1881 aconsejada por Pedro Duro, el fundador de Duro Felguera. Es un dato que desconocíamos y que no sabemos a qué pudo obedecer. Al parecer se trataba de un amplio grupo encabezado por una pareja mayor, él procedente de la Rioja alta o Navarra y ella de Ronda (Málaga), con los que se desplazaron varios hermanos y sus hijos respectivos, de los que actualmente descienden los gitanos asturianos más antiguos.

Hasta esa fecha, como en todas las provincias españolas, nuestros pueblos conocían a los gitanos como nómadas dedicados a la mendicidad y la adivinación, aunque en algunas zonas también tenían fama las piezas de mimbre que ellos mismos realizaban artesanalmente y, sobre todo, su habilidad en la compraventa y el manejo del ganado equino que llevaban consigo en sus desplazamientos. Seguramente fue este conocimiento de lo relacionado con las bestias de tiro lo que impulsó al financiero a contactar con ellos en una época en la que las mulas eran fundamentales cuando se intentaba potenciar la minería ante la crisis de su fábrica, que había llegado a ser la principal siderurgia del país, con una producción del tercio del hierro nacional, que entonces sufría la competencia de los vascos, mejor adaptados para la obtención del acero y la reducción general de los precios de sus productos.
La cuenca del Nalón se convirtió así en la primera zona de Asturias con un poblado estable de gitanos, seguida poco a poco por las grandes ciudades, Oviedo y Gijón, aunque todavía al inicio de la guerra civil en 1936 esto era la excepción y lo más frecuente era que siguiesen viviendo a la manera tradicional, de feria en feria y según sus propias leyes, aprovechando estos encuentros no sólo para los negocios, sino también para arreglar sus problemas familiares, celebrar sus bodas o solventar sus desacuerdos. Poco a poco otros fueron siguiendo el camino de los langreanos y en los años cuarenta intentaron nuevos trabajos, aunque siempre procurando aquellos que no exigían la sujeción a ningún horario y mucho menos la dependencia de ningún jefe; así se fueron introduciendo en la compraventa de cartón, trapos o chatarra, este último un negocio con el que se hicieron grandes fortunas en la posguerra, pero que ellos practicaron siempre a pequeña escala y en el día a día sin preocuparse por el enriquecimiento; también intentaron la venta de paños y telas a domicilio, y al calor de la bonanza económica de los cincuenta los más decididos a la integración se decidieron a buscar los primeros salarios fijos al lado de los payos en aquellos lugares para los que no se exigía ninguna calificación profesional, tales como peón de la construcción o de obras públicas.

Yo recuerdo haber visto un campamento gitano en La Peña de Mieres a finales de los sesenta, seguramente uno de los últimos, puesto que a principios de los setenta el nomadeo ya era historia y al mismo tiempo se introducía con éxito una actividad de la que hoy viven muchas familias y que permitió la estabilidad, la independencia económica y la integración definitiva de muchos: la venta ambulante siguiendo un calendario fijo de mercados, compaginando así los desplazamientos habituales con la residencia en un domicilio fijo, lo que permite, entre otros beneficios, la escolarización de los menores.

Los vendedores ambulantes y de mercados, tal como los conocemos ahora, especializados en lo relacionado con el vestido, el calzado o la perfumería, surgieron por esa misma época, primero casi de forma anecdótica y aumentando poco a poco hasta llegar a la actualidad, en que constituye la actividad laboral de la mayor parte de las familias gitanas asturianas.

Con todo, el mayor cambio experimentado en este colectivo llegó de la mano de sus creencias religiosas, a partir de los años ochenta, con la rápida introducción de la Iglesia de Filadelfia, un movimiento evangélico surgido en Francia en 1952 y que tiene carácter pentecostal, lo que quiere decir que sus fieles atribuyen al Espíritu Santo todas sus manifestaciones de fe.

Curiosamente, el fundador de este culto fue un payo, pero sus normas basadas en la libertad y en la inspiración del momento que se expresa mediante alabanzas y canciones prendió inmediatamente ante el estupor de la Iglesia católica que, sobre todo en Andalucía, tuvo que asistir a la pérdida de muchos fieles que hasta hace poco eran los más acérrimos defensores de las cofradías, las imágenes y las vírgenes.

Esta primera generación de gitanos evangélicos con varios locales de culto abiertos en las Cuencas está haciendo cambiar el concepto de marginalidad que aún se mantenía en algunos ambientes, y ahora es cada vez más frecuente que sus jóvenes obtengan el Graduado Escolar o concluyan con éxito ciclos de grado medio para mejorar su capacitación profesional. Ellos saben que son parte de una sociedad cada vez más heterogénea en la que tienen que participar con los mismos derechos y deberes que el resto de los ciudadanos; algunos les tenemos sana envidia al ver como lo están logrando sin renunciar a su identidad y a sus tradiciones. Adelante.

Fuente: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1813_38_574550__cuencas-hora-gitanos